domingo, 18 de febrero de 2018

Naujocks, o cómo una "fake new" conduce a una guerra




De un tiempo a esta parte el término "fake news", noticias falsas, se ha hecho extremadamente popular. Concretamente, a raíz de la elección como presidente de los yankees del nefando Trump, que a diario sale en los noticieros protagonizando cualquier chorrada que no tiene la más mínima relevancia y, menos aún, relación con su acción de gobierno. Se ha acusado al taimado Putin, que para eso fue agente del KGB, de estar detrás de la propalación de falsas noticias para desestabilizar a Occidente gracias a ingeniosos hackers capaces de meterse en todas partes y, por ende, manipular a la voluble opinión pública gracias a las redes sociales que parecen dirigir la vida del personal como si de autómatas se tratase, convirtiendo en "viral" (odio profundamente ese término) o en "trending topic" (ese lo odio aún más) cualquier cosa que sea útil para sus intereses políticos y/o económicos.

Portada del New York Journal informando de la voladura del Maine. Como
se puede ver, incluso se ofreció una recompensa de 50.000 dólares a quien
facilitara la captura de los saboteadores
En realidad, eso de propalar noticias falsas para manipular la opinión o incluso las fobias de los ciudadanos es más antiguo que la tos solo que, a medida que los medios de comunicación han ganado en capacidad de difusión y velocidad, la propalación de bulos se ha hecho más eficaz. Una "fake new" de esas la sufrimos los españoles en nuestras propias carnes a raíz de la voladura del USS Maine en el puerto de La Habana en febrero de 1898, noticia esta que, debidamente adobada por el alevoso magnate de la prensa William Randolph Hearst con su proclama "¡Recordad al Maine, al infierno con España!", significó la pérdida de nuestros últimos territorios de Ultramar. En ese momento, ningún yankee pareció recordar que debía en gran parte su independencia de los british (Dios maldiga a Nelson, y de paso también a Hearst) a la ayuda española pero, al cabo, no dejaban de ser ingratos anglosajones originarios de la misma raza de piratas. Ya vemos pues como una noticia falsa debidamente manipulada puede mover el mapa mundi y cambiar la faz de la Tierra, y más en el caso de la entrada de hoy, en la que veremos como un tipo pendenciero y taimado llevó a cabo la provocación que permitió crear la que quizás fuese la más nefasta "fake new" de la historia, el ataque a la estación de radio de Gleiwitz que dio pie a la 2ª Guerra Mundial.

Danzig en 1939. Seis años más tarde no la reconocería ni su padre
Todos hemos oído hablar cienes de veces de Danzig, una ciudad a orillas del Báltico que, desde el término de la Gran Guerra y el posterior desguazamiento territorial de Alemania tras la firma del Tratado de Versalles, en 1920 se había convertido en una ciudad libre autónoma bajo la tutela de la Sociedad de Naciones y el protectorado de Polonia. Es de común creencia que los tedescos invadieron la población sin más, debido al empeño por parte del ciudadano Adolf de unir Alemania con Prusia Oriental, cuyo territorio había quedado separado del resto del país para facilitar a Polonia una salida al mar. Sin embargo, lo que en apariencia fue un abuso por parte de Alemania, que es como ha pasado a la historia, no fue sino el punto final a una larga serie de reclamaciones por parte de los tedescos para, simplemente, establecer una línea férrea y una carretera que permitiera unir la parte segregada de su territorio, a lo que los polacos siempre se negaron con bastante vehemencia, cuando no con amenazas incluso de guerra.

Así estaba el patio desde 1920
De hecho, a finales de los años 30 alrededor de un 90% de la población de Danzig era de origen alemán y se expresaban en lengua alemana, por lo que los tedescos ofrecieron llevar a cabo un referéndum para que la ciudadanía eligiera si prefería seguir bajo el protectorado polaco o bien unirse a Alemania. Las condiciones eran que, de ser afirmativo, Alemania garantizaría una vía de comunicación extraterritorial a Polonia hasta el puerto de Gdingen para no ver cerrada su salida al mar. En caso contrario, Polonia debería permitir las  varias veces reclamadas vía férrea y carretera para comunicarse con Prusia Oriental. Sin embargo, en marzo de 1939 los polacos optaron por ponerse chulos llegando incluso a convocar una movilización general, dando por sentado que el ciudadano Adolf no se atrevería a atacarles para recuperar Danzig. Además, confiados en que Alemania no tenía un ejército capaz de hacerles frente tras las limitaciones impuestas por el Tratado de Versalles, no se privaron de chulear bonitamente a los tedescos lanzando amenazadoras proclamas y promoviendo mítines en los que los oradores ponían a caldo a sus irreconciliables vecinos, jurando que, igual que los teutones habían sido derrotados en Grünwald (nombre polaco de Tannenberg) por un ejército aliado de lituanos y polacos en 1410, ellos derrotarían a la Wehrmacht en el Grünwald de Berlín. Es más, los polacos estaban firmemente convencidos de que serían ellos los que, caso de estallar las hostilidades, llevarían la iniciativa desde el primer momento, invadiendo territorio alemán y que en pocos días tomarían Berlín. Es evidente que vivían en una realidad paralela o que, simplemente, estaban en babia.

Ignacy Mosciki (1867-1946), presidente de
Polonia al comienzo de la contienda
Por otro lado, la tensión política iba calentando los ánimos peligrosamente, traspasando los muros de las cancillerías para llegar al pueblo en forma de agresiones por parte de la población polaca a los ciudadanos de origen alemán. Arropados por la indiferencia de las autoridades fueron asaltadas casas de cultura y empresas propiedad de alemanes, y el gobierno polaco llegó a cerrar 300 escuelas situadas en zonas de mayoría racial alemana. Así pues, como vemos, esa imagen de una Polonia indefensa ante la formidable maquinaria bélica alemana es el enésimo camelo que ha trascendido a la historia y que poca gente conoce cuando, en realidad, figura en todos los libros de historia. Lo malo es que el personal suele tener la tendencia a creerse a pie juntillas lo que dicen sus cuñados porque ven muchos documentales y no se preocupan de corroborar la información o, simplemente, dan por cierto lo que la mayoría dice. En resumidas cuentas y por no alargar más esta introducción, los polacos se limitaron a seguir el juego al ciudadano Adolf que, ya en agosto de 1939, tenía firmado y sobre la mesa el Fall Weiß ( Caso Blanco o Plan Blanco) diseñado por el OKW para invadir Polonia. En todo caso, en la red hay información sobrada sobre este asunto para el que quiera ilustrarse más a fondo sobre los acontecimientos que acabaron desencadenando la mayor guerra conocida. 

De izda. a dcha. vemos a Von Ribbentrop, al padrecito Iósif
y a Viacheslav Mijáilovich Mólotov, incombustible ministro
de Asuntos Exteriores en activo hasta 1957
Bien, así estaba el patio en agosto de 1935, cuando a las 15:00 horas del 25 de agosto y tras dar por hecho que las conversaciones entre Inglaterra y Alemania para evitar la guerra se consideraron como rotas, el ciudadano Adolf dio la orden de comenzar la invasión de Polonia a las 04:30 horas del día siguiente. Sin embargo, la firma aquel mismo día del pacto de defensa común entre Polonia y Gran Bretaña hizo que Hitler detuviese el ataque, pensando además que la firma dos días antes del pacto de no agresión con el padrecito Iósif daría que pensar a las potencias occidentales. Pero bastaron pocas horas para darse cuenta de que ya no había nada que pensar, y que los british no se habían molestado en intentar hacer cambiar de opinión a los polacos para alcanzar un acuerdo, así que la suerte estaba echada. Pero, aparte de los dimes y diretes diplomáticos, los militares tenían ya previstos todos los pormenores para acabar con Polonia desde hacía bastante tiempo, y las SS también tenían preparada la farsa que, sumada a las absurdas provocaciones llevadas a cabo por los polacos a lo largo de aquel año, daría de cara a la opinión pública mundial la justificación necesaria para la invasión que estaba a punto de iniciarse. De hecho, solo tenían que recibir la orden de Hitler para ejecutar el denominado Plan Himmler, tras el que toda la maquinaria tedesca iniciaría la invasión en un periquete ya que desde el día 25 estaban en estado de máxima alerta ocupando sus posiciones de partida junto a la frontera polaca.

Aspecto de la estación de Gleiwitz antes de la guerra. Construida entre 1934
y 1935 por la compañía Lorenz con mano de obra de la Siemens y la
Telefunken, actualmente solo subsiste una de sus torres que, con sus 110,7
metros de altura, es la estructura de madera más alta de Europa. La apodan
como la Torre Eiffel de Silesia
El Plan Himmler había sido urdido de cabo a rabo por el tenebroso cerebro de Heydrich con la colaboración de su maquiavélico protegido, el siniestro jefe de la Gestapo Heinrich Müller. Como no podía ser menos, era de una simpleza rotunda, pero al mismo tiempo de una infalibilidad incuestionable. Básicamente consistía en simular una serie de ataques por parte de supuestas tropas polacas a un puesto forestal, edificios aduaneros y, el más importante, a la estación de radio de Gleiwitz, situada a apenas 6 kilómetros de la frontera. Una vez "ocupada" la estación emitirían un mensaje diciendo cosas muy desagradables contra los bondadosos alemanes que, hasta el último momento, habían intentado por todos los medios lograr una solución pacífica al espinoso tema del Corredor de Danzig, lo cual era hasta cierto punto totalmente cierto como hemos visto. Esa intolerable agresión por parte de una potencia extranjera sería debidamente respondida por el Reich, llevando a cabo la preceptiva acción punitiva para alejar a los malvados enemigos de la frontera. Así de simple, así de chorra, pero así empezó la guerra.

Heydrich departiendo con el entonces SS-Untersturmführer
Naujocks en su despacho del SD de Munich
El elegido personalmente por Heydrich para llevar a cabo la operación era el SS-Strumbannführer Alfred Naujocks, que en aquel momento estaba a punto de cumplir los 28 años (había nacido el 20 de septiembre de 1911 si bien otros dicen que en 1908). Afiliado a las SS desde 1931, desde sus comienzos en el partido se distinguió por su carácter violento y pendenciero, siendo bastante aficionado a participar en las sonadas broncas que solían tener lugar en las cervecerías y los mítines de los partidos políticos. De hecho, un comunista le llegó a partir la nariz con una barra de hierro. No obstante, no era el típico cerril de cerebro cuadriculado sino que, por el contrario, era un sujeto ciertamente inteligente si bien no supo sacar provecho de sus capacidades intelectuales de cara a hacerse de una profesión de provecho en la vida civil, lo que hacía que muchos lo denominasen como un "gángster intelectual". Tipos así eran los predilectos de Heydrich: listos, bragados, audaces y, sobre todo, absolutamente leales. Tanto es así que en 1934, cuando el entonces SS-Brigadenführer Heydrich era jefe de la policía bávara y del SD,  lo había nombrado su ayudante. Así pues, ya vemos que el conocimiento de este personaje por parte de Heydrich era de años antes, lo que es perfectamente lógico ya que no iba a poner al frente de una operación tan delicada a cualquier cantamañanas.

Aspecto de la sala de la estación antes de la guerra
El Plan Himmler se había mantenido en el máximo secreto por razones obvias. Muy pocas personas dentro de las SS y el Abwehr estaban al tanto del mismo hasta que, a principios de agosto, Heydrich puso al corriente de todo a nuestro hombre. Inicialmente, la acción se llevaría a cabo posiblemente el día 25 si bien, como ya hemos visto, se abortó finalmente. Para ello, Naujocks debía reclutar a seis hombres fiables al 200% que, en teoría, serían los falsos polacos que atacarían la estación de radio. No hacían falta más porque en la misma solo habría algunos funcionarios civiles que, lógicamente, no ofrecerían la más mínima resistencia ante un grupo armado. Una vez tomado el control de la estación se emitiría un mensaje en polaco en plan bastante borde para, finalmente, dejar como testimonio de la agresión a una docena de prisioneros del campo de concentración de Dachau que previamente habrían sido vestidos con uniformes del ejército polaco, así como provistos de documentación del mismo todo ello facilitado por el Abwehr. Dichos prisioneros, denominados bajo el nombre en clave de "Konserve" (conservas, latas de comida, vaya...), serían apiolados antes de largarse de allí para que, una vez finiquitado el falso ataque, poder decir que los había liquidado una unidad de policía que se presentó en la estación para repeler el ataque y ser la prueba de que, en efecto, eran miembros del ejército polaco.

Franz Honiok
Pero, como ya comentamos anteriormente, la orden dada por el ciudadano Adolf para empezar la fiesta el 26 se pospuso, así que todo quedó a la espera mientras que las tropas desplazadas a las zonas fronterizas esperaban impacientes la hora de entrar en acción. Finalmente y en vista de que ni los british hacían nada por convencer a los polacos ni estos estaban por la labor de solucionar aquel asunto de forma pacífica pensando que podrían barrer del mapa a los tedescos, se decidió que la invasión comenzaría el día 1 de septiembre. Así pues, a mediodía del 31 de agosto Naujocks recibió una llamada personal de Heydrich en la que este se limitó a pronunciar una sola frase: "Grossmutter gestorben" (la abuela ha muerto). Esa era la autorización para iniciar la truculenta farsa. Inmediatamente, Naujocks llamó por teléfono a Müller para que dispusiera la entrega de los doce prisioneros que harían de polacos más los uniformes, documentación, etc., añadiéndose al grupo a un tal Franz Honiok, un solterón de 43 años detenido por la Gestapo el día 30 en Polomia, una pequeña aldea de la Alta Silesia alemana donde se había distinguido por su fervor antigermano. Honiok era un furibundo partidario de que toda la Alta Silesia fuera polaca, así que le echaron el guante y decidieron usarlo también como supuesto agresor ya que era notorio su odio a los tedescos.

Abrimos un breve paréntesis para comentar que la Alta Silesia había pertenecido a Alemania antes del desguace de 1918 pero, como ocurría con Danzig, gran parte de su población seguía queriendo retornar al seno patrio para gran cabreo de los polacos ya que, en este caso, se trataba de una zona industrial especialmente rica. De hecho, en 1920 se celebró un plebiscito que ganó la opción que quería la reunificación con Alemania, pero los aliados optaron por dividirla en dos, entregando a Polonia la zona este, más rica, y a Alemania la oeste, mucho más pobre. Por otro lado, el mismo gobierno polaco había promovido algaradas y agresiones contra la población partidaria de unirse a Alemania, así que volvemos a ver que Polonia no tuvo ni remotamente el rol de víctima inocente que siempre se le ha solido adjudicar. Dicho esto cerramos el paréntesis y proseguimos.

Micrófono y consola desde donde
Hornack emitió el mensaje
A las 20:00 horas, Naujocks llega con su pequeña pero audaz tropa a la estación de Gleiwitz más los doce polacos falsos y el tal Honiok, todos disfrazados y previamente drogados para que no dieran la murga. Entran en la sala de la estación donde solo había tres funcionarios que, como es lógico, se quedaron con la jeta a cuadros ante la visión de siete polacos cabreados pegando tiros. Tras rendirse en menos de 0,4 segundos fueron esposados y encerrados en un sótano. Tras la victoriosa ocupación de la emisora se procedió en primer lugar a liquidar a Honiok, que quedó muerto en la escalera de entrada de la estación como prueba nº 1 del ataque. A continuación Naujocks buscó un micrófono para que Karl Hornack, uno de los componentes del grupo, pudiera emitir el mensaje que llevaba preparado. Hornack, que hablaba perfectamente polaco, graznó ante el micrófono: "Uwage! Tu Gliwice. Rozglosnia znajduje sie w rekach Polskich", que en un idioma que no use consonantes como vocales significa algo así como "¡Atención! ¡Aquí Gleiwitz! ¡La estación de radio está en manos polacas!". A continuación soltó un panfleto anti-alemán hasta la médula diciendo muchas cosas feas de los tedescos, exhortando a los buenos patriotas a levantarse en armas contra los enemigos de la sagrada tierra polaca y tal. El mensaje concluyó con un emocionado "¡Ha llegado la hora de la libertad! ¡Larga vida a Polonia!", tras lo cual cerró la transmisión. Una vez fuera distribuyeron a los doce desdichados alrededor de la estación y los fueron matando uno a uno como si hubieran caído combatiendo contra la hipotética fuerza policial que había acudido al rescate para, finalmente, poner tierra de por medio. Ya solo quedaba divulgar la "fake new" para empezar la fiesta.

El Schleswig-Holstein disparando una andanada contra las
fortificaciones polacas
Mientras que la radio alemana daba la alarmante noticia aquella misma noche, la máquina de guerra del ciudadano Adolf estaba ya en marcha conforme al plan minuciosamente trazado. A las 04:45, el acorazado alemán Schleswig-Holstein, anclado en el puerto de Danzig en una supuesta visita de cortesía, abrió fuego contra el fuerte situado en el Westerplatte, una pequeña península rodeada al sur por el Vístula y al norte por el Báltico. El acorazado, al mando del Kapitän zur See Gustav Kleikamp, disparó sus cuatro cañones principales de 280 mm. a menos de 900 metros del objetivo, así que dudo mucho que fallaran. Al mismo tiempo, la Wehrmacht iniciaba su avance hacia la frontera polaca. Acababa de dar comienzo la 2ª Guerra Mundial.

A la mañana siguiente, el ciudadano Adolf se dirigía a sus amados compatriotas desgañitándose ante el micrófono de la radio dando cuenta de la monstruosa y traidora acción llevada a cabo por su nuevo enemigo, Polonia:
"Esta noche, por vez primera, las tropas regulares polacas han disparado contra nuestro propio territorio. ¡Hemos estado respondiendo al fuego enemigo desde las 5:45 horas! De ahora en adelante, cada bomba se encontrará con una bomba. Aquel que luche con gas venenoso se enfrentará con gas venenoso. Aquel que se distancie de las normas de guerra para mantener una conducta humanitaria solo puede esperar que tomemos medidas similares. Dirigiré esta lucha, sea quien sea el adversario, hasta que se garanticen la seguridad y los derechos del Reich."

Foto tomada por la Wehrmacht en septiembre de 1939 en la que muestra
a varios miembros de la prensa internacional ante unos cadáveres de
supuestos ciudadanos de origen alemán represaliados por el ejército polaco
Por cierto que Adolf se emocionó tanto con su vibrante discurso, que obviamente llevaría preparado hacía tiempo, que no cayó en un detalle: dijo que estaban respondiendo al fuego enemigo desde la 05:45 cuando, en realidad, a esa hora el Schleswig-Holstein llevaba ya un rato largo dando estopa a los polacos. En cualquier caso, el Plan Himmler había salido perfecto, y el escenario para montar la falsa agresión quedó de lo más realista. Tan realista que los aliados no se creyeron una sola palabra, y dieron por hecho que aquello tenía toda la pinta de ser un montaje. En realidad, el mismo Adolf había avanzado lo que se cocía a sus principales gerifaltes durante una conferencia en Berchtesgaden diciéndoles que "proporcionaré un pretexto meramente propagandístico para empezar la guerra, aunque poco plausible" y, dando por sentado que la campaña sería coser y cantar y que allí acabaría todo añadió que "después nadie preguntará nada al vencedor". Como ya sabemos, las cosas fueron muy distintas.

Foto policial de Naujocks
En fin, así fue como una "fake new" permitió a los alemanes abalanzarse como un lobo contra Polonia, que pagó con creces su arrogancia. En cuanto al audaz Naujocks, sobrevivió a la guerra si bien su carrera militar sufrió no pocos altibajos a causa de su carácter pendenciero. Curiosamente, nadie supo una palabra acerca del Plan Himmler hasta que, a raíz de los juicios de Nuremberg, salió a la luz la existencia de dicha acción. Sin embargo, nadie pudo aportar datos porque todos los mandamases que habían estado en el ajo habían palmado, y los que procesaban en aquel momento tampoco sabían gran cosa. Naujocks, aunque se había entregado a los yankees en noviembre de 1944 porque se estaría oliendo la fastuosa derrota que se estaba fraguando, fue llevado a declarar, pero se limitó a informar que la operación había sido planificada por Heydrich, que estaba más que muerto, y Müller, que estaba más que desaparecido. Total, que se escaqueó bonitamente y pudo largarse a Hamburgo, donde se estableció como hombre de negocios hasta que en abril de 1966 palmó repentinamente de un infarto.

No obstante, pudo dejar constancia de sus aventuras unos años antes, cuando en 1958 fue entrevistado por Comer Clarke, un periodista británico que pudo localizarlo. Naujocks, que pensaba que a aquellas alturas nadie le pediría cuentas, como así fue, le contó como Heydrich lo citó a principios de agosto para decirle que en un mes o menos estallaría la guerra, pero que el Führer le había ordenado preparar un incidente lo suficientemente grave que justificase la invasión a Polonia. Heydrich señaló la estación de Gleiwitz en un mapa y le dio pelos y señales de lo que quería de él y de cómo debía llevarlo a cabo. Por cierto y como curiosidad curiosa final añadir que, aunque todo el mundo considera a Franz Honiok como la primera víctima de la 2ª Guerra Mundial, incomprensiblemente el gobierno polaco no lo ha reconocido así en ningún momento ya que murió unas horas antes de que estallase oficialmente. Qué chorras, ¿no?

En fin, ya vemos como una falsa noticia puede cambiar el devenir del mundo en menos que un cuñado se ventila dos docenas de cigalas. Sirva pues de aviso, que parece que nos empeñamos en no aprender de la historia para repetirla una y otra vez sin solución de continuidad, para que no nos dejemos llevar por los alevosos y traidores que, en estos turbulentos tiempos, aprovechan las pasiones desatadas del personal para liarla parda.

Hale, he dicho

Miembros de un Einsatzgruppen de las SS entrando en una ciudad polaca durante la campaña de Polonia. En los inicios
de la contienda el papel de las SS a nivel militar fue más bien nulo, dedicándose sobre todo a ir haciendo limpieza
a medida que la Wehrmacht iba apoderándose del territorio.

viernes, 16 de febrero de 2018

VITIS, símbolo de autoridad, instrumento de castigo

Orondo ciudadano recreacionista mostrando los atributos más significativos de un centurión: sobre la GALEA luce una
vistosa CRISTA TRANSVERSA de crin roja, y en la mano el VITIS, un palo feo y retorcido cuya sola visión ya producía severos escalofríos en el sufrido personal de las invictas legiones

Hemos hablado bastante acerca del equipo de los legionarios romanos. En su día ya se publicaron entradas acerca de las GALEÆ, los SCVTI, los arcos, varias sobre los PILA, la indumentaria, la equipación, lo que comían e incluso sobre el calzado y hasta de las condecoraciones que recibían estos belicosos latinos cuando se portaban como machotes en la batalla. Sin embargo, no hemos entrado aún en objetos considerados como menos importantes si bien en su día constituyeron todo un símbolo, y su uso un orgullo para los dignos de poseerlos. En este caso nos referimos al VITIS, el característico bastón usado por los centuriones que, aunque los hemos visto seguramente en multitud de ocasiones, la verdad es que no es precisamente una de las piezas más conocidas del ajuar militar romano. Así pues, y dando por sentado que los patéticos documentales de Canal Historia ni los mencionarán y que, por ende, podremos atribular a cualquier cuñado con los pormenores de estos peculiares bastones, veamos algo sobre su historia y demás detallitos que nos permitirán ver como se largan a sus madrigueras más mustios en un político en un seminario sobre ética y moral. Bueno, al grano que para luego es tarde...

Ciudadano recreacionista emulando la pose y la indumentaria que vemos
en la estela funeraria de Marco Fabonio Facilis, de la LEGIO XX. Está
datada hacia el siglo I d.C. y nos permite ver como empuña orgullosamente
su VITIS LATINA
El VITIS o, en puridad, el VITIS LATINA, era un bastón de aproximadamente un metro de largo obtenido de una rama de parra, lo que justifica su aspecto nudoso y retorcido. Pero su origen como símbolo de un determinado rango militar procedía de algo menos honorable ya que era un simple instrumento de castigo para apalear al personal. Esto no debe extrañarnos ya, que antes que los romanos, otras culturas asimilaban útiles de castigo como símbolos de autoridad en base a que el que detentaba el poder tenía potestad para castigar. Ojo, hablamos de una época en que los delitos era sistemáticamente penados a base de castigos físicos o incluso la muerte. Así, los mismos faraones que estamos hartos de ver en tropocientas mil representaciones artísticas llevaban en la mano derecha el heka, un báculo de pastor con el que dirigían a su pueblo mientras que en la izquierda empuñaban el nejej, un flagelo con el que, en teoría, tendrían a sus amados vasallos más derechos que una vela. 


Los mandos militares espartanos usaban también un objeto similar que servía tanto de símbolo de su rango como herramienta de castigo, la βακτερία (bactería), un bastón o báculo con el extremo curvado de apariencia similar al LITVVS usado por los etruscos si bien en este caso se trataba de un objeto usado originariamente por los augures y demás cuentistas profesionales de la época y del que, según algunos autores, tomaron la idea los romanos. En la ilustración de la derecha podemos ver lo que sería entre los etruscos un capellán castrense, o sea, un oficial-sacerdote encargado de indagar si los dioses eran propicios antes de iniciar la batalla. Mientras que en su mano derecho vemos una MACHAIRA, en la izquierda enarbola el LITVVS de bronce propio de su rango. Esta recreación está basada en los restos de las pinturas halladas en un templo de PRÆNESTE, la actual Palestrina, cerca de Roma, y ciertamente tiene una asombrosa semejanza con los báculos episcopales que desde siempre han usado y usan los obispos cristianos. En cualquier caso, lo que si debe quedar claro es que el VITIS aunaba dos cometidos: distinguir a sus poseedores como militares de un rango superior y por ello revestidos de autoridad y, al mismo tiempo, como el instrumento de castigo con el que estos hombres podían imponer la disciplina aporreando sin piedad los lomos de los malsines, revoltosos, ladrones y demás indeseables aposentados en el ejército.

Estela funeraria de Flavio Agustalis (c. siglo III d.C.)
que muestra a un sujeto con ropa civil apoyando una
mano en el hombro de su hijo. Pero, aparte de la
indicación de su grado en la estela, lo que lo señala como
un centurión es su VITIS
El VITIS llegó a identificarse de tal forma con los centuriones que se acabó convirtiendo en su distintivo por antonomasia, usándolo no solo durante su desempeño militar sino cuando se largaban a darse un garbeo fuera del campamento o cuando no iban armados. En más, incluso en gran cantidad de lápidas de estos controvertidos oficiales datadas entre los siglos II y III d.C., época en que se puso de moda representar al difunto vestido de civil, en todas aparecen empuñando sus VITIS, y en algunas en que no aparece la imagen del difunto esta queda representada por su bastón como símbolo de su estatus. De hecho, la costumbre de colocar el VITIS en las lápidas como símbolo del rango del difunto perduró durante todo el tiempo que estuvo en uso.  Las primeras referencias sobre la existencia de los mismos se remonta a las Guerras Púnicas, donde se cita a un tal Centenio, "... que una vez llevó el bastón de vid de un centurión romano". Como testimonio gráfico que lo corrobora están los maltrechos frescos de la tumba de Publio Cornelio Escipión, que dio las del tigre a los cartagineses en Zama, y donde los arqueólogos han podido identificar una figura que en su mano derecha empuña un VITIS

La primera representación perfectamente clara sobre el empleo del VITIS la tenemos en la estela funeraria de Minucio Lorario, un centurión de la LEGIO III que cruzó la Laguna Estigia en el 43 a.C. Por cierto que su COGNOMEN, LORARIVS, hace referencia a los encargados de azotar a los esclavos así que, aunque puede que proviniese de algún antepasado con tal oficio, no es descabellado pensar que lo obtuvo por sí mismo dando estopa a mansalva a sus tropas. En la foto de la derecha podemos ver al ciudadano LORARIVS con ropa civil pero haciendo ostentación de su rango militar, en este caso el gladio en el costado izquierdo (recordemos que los legionarios lo llevaban en el derecho) y en su otra mano empuña el VITIS que, aunque un poco averiado, se identifica perfectamente. Conviene aclarar que el hecho de tener potestad para administrar castigos sin juicio previo revestía al centurión de una autoridad superlativa ya que los legionarios, siendo como eran ciudadanos romanos, no podían en teoría recibir castigos físicos de forma arbitraria. Así pues, el hecho de que un centurión tuviera ese privilegio indica claramente que su misión iba más allá de la meramente militar. El mismo Plinio el Viejo lo dejó bastante claro cuando preguntaba si "necesito mencionar que el VITIS ha sido introducido en los campamentos y puesto en manos de los centuriones para preservar la autoridad y el mando supremos, y que es el gran premio que hace acudir a los rangos inferiores bajo las águilas, y que incluso cuando se usa para castigar honra al castigo mismo". Porque, eso sí, los estacazos con el VITIS estaban reservados a los ciudadanos. Los AUXILIARIS eran apaleados con cualquier otra cosa menos honorable.

Legionario castigado con el FVSTVARIVM administrado por sus propios
compañeros. En este caso se usaban FVSTIS, un instrumento degradante
Por ese motivo, entre las tropas no se consideraba como algo deshonroso ser golpeado con un VITIS por su centurión ya que este estaba en posesión de la autoridad necesaria para ello y, además, el medio que usaba para golpearlo no era un vil instrumento para castigar criminales o esclavos como la FLAGELLA, el FVSTIS (un simple palo) o la VIRGA (una vara), lo que sucedía cuando alguno cometía alguna falta especialmente grave, como por ejemplo dormirse durante una guardia. En ese caso, el culpable era castigado al FVSTVARIVM, o sea, a morir apaleado por sus propios compañeros cuyas vidas había puesto en peligro. Por ello, no solo recibía un castigo fatal, sino además deshonroso.


La amenaza del VITIS estaba presente en cada momento en la vida de los
legionarios. En la ilustración vemos al centurión blandiendo el suyo en
actitud amenazante mientras sus sufridos legionarios entrenan
Con todo, como es lógico, no todos aceptaban sin rechistar el castigo, y ante la posibilidad de que alguno detuviera el VITIS con la mano o incluso se lo arrebatase al centurión para, a continuación, partirlo, se dictaminó que semejantes comportamientos serían castigados con la muerte, con lo que se preservaba la autoridad de los centuriones que, al cabo, eran los que tenían que enfrentarse a diario con el personal ya que los mandos superiores, prefectos, legados y tribunos, se limitaban en todo caso a señalar el castigo, pero el que lo aplicaba era el centurión que, en muchos casos, era consultado por estos acerca de cuál era el más idóneo ya que consideraban su experiencia como el mejor asesoramiento. Por otro lado, ya sabemos que los centuriones, sobre todo a partir del Principado, se fueron convirtiendo en un estamento especialmente corrupto y dado a castigar de forma arbitraria a las tropas, que en muchos casos estaban bastante hartos de los abusos de los mandos más proclives a ejercer una férrea disciplina aplicando constantemente el CASTIGATIO con ellos. Buena prueba es que eran los primeros en pagar el pato cuando alguna legión se amotinaba, y como ejemplo de centurión detestado como si de un cuñado se tratase tenemos a un tal Lucilio que, en el año 14 d.C. y a raíz de una rebelión en las legiones del Danubio, lo liquidaron en un periquete. ¿El motivo? Había recibido el mote de CEDO ALTERAM, "dame otro", en alusión a que era habitual que partiera el VITIS en los lomos de los causantes de su enojo, por lo que rápidamente se volvía pidiendo otro bastón para seguir apaleando al desdichado. Cabe suponer pues que no gozaba de las simpatías de sus subordinados, que aprovecharon la coyuntura para darle la baja definitiva del ejército.


Pero, cuestiones disciplinarias aparte, el VITIS fue poco a poco adquiriendo una honorabilidad incuestionable, y su posesión implicaría no solo un estatus, sino algo por lo que merecía la pena luchar. En el siglo I d.C. ya se usaba la expresión "solicitar el VITIS" cuando ser aspiraba a un ascenso a centurión, y llegó a ser algo tan emblemático que la jubilación de un PRIMVS PILVS, el máximo grado al que podía llegar un centurión, implicaba "entregar el VITIS" en referencia a que al dejar su cargo también se desprendía del objeto que lo simbolizaba. Incluso autores como Juvenal usaban el término VITIS como sinónimo de centurión de la misma forma que empleaban AQUILA para el PRIMVS PILVS, en este caso por ser centurión de rango más elevado. Lógicamente, alcanzar el rango de centurión suponía un gran paso para cualquier miembro de un ejército donde los ascensos eran por méritos, e implicaba la obtención del símbolo de su nuevo estatus en una ceremonia que vemos recreada en la ilustración de la derecha, la ORDINATIO. Ante toda la legión y situado en el podio tenemos al TRIBVNVS LATICLAVIVS, segundo en el mando y comandante efectivo en ausencia del legado, revestido con sus mejores galas para hacer entrega al neófito del VITIS que lo acompañará durante el resto de su vida militar y el CODICILLVS, la cédula que confirma su nuevo rango. A su derecha está el IMAGINARIVS, el portador del emblema sagrado de la legión al que pertenece el centurión y que es testigo de la entrega del VITIS. Tras el tribuno asoma la cabeza del PRÆFECTVS CASTRORVM, el tercero en la escala de mando. En cuanto al nuevo centurión, pues lo vemos tomando el bastón de manos del tribuno y suponemos que muy contentito porque, aparte de ganar un salario más alto, pasa a ser el que da los palos en vez de el que los recibe.


Y, ciertamente, no regalaban los ascensos sino que había que dar el callo a base de bien. Un testimonio nos lo hace llegar Lucano, que daba cuenta de como un centurión llamado Scaeva alcanzó su rango debido a que "...sirvió largamente en la lucha librada contra los salvajes en las orillas del Ródano", y añade que "ahora, ascendido a centurión mediante hechos de sangre, porta el VITIS LATINA ante las tropas bien alineadas". En cuanto a la morfología del bastón, permaneció prácticamente inalterable durante toda su existencia. Solo hacia finales del siglo III d.C. se llevó a cabo una pequeña variación en la empuñadura, que adoptó la forma de un champiñón como la que vemos en la foto de la derecha, que es un fragmento  del mosaico de Villa de Casale (c. siglo IV d.C.), en Sicilia, que representa un transporte de animales exóticos. El centurión de la imagen fustiga a un esclavo con una vara mientras que sostiene su VITIS, lo que demuestra que, en efecto, este solo lo reservaban para castigar a las tropas, negando a un simple esclavo el inmenso placer de sentir como le partían las costillas con tan honorable símbolo de poder y autoridad.


Estela de C. Anario Félix (c.mediados
del siglo I d.C.) en el que vemos como
única referencia a su rango un VITIS
enrollado bajo el epitafio
En fin, poco más nos resta por comentar sobre este peculiar bastón que, durante siglos, fue símbolo de la autoridad de los centuriones y su instrumento de castigo para tener a raya a las tropas. Actualmente, y supongo que debido al afán revisionista de algunos historiadores, se ha cuestionado la vertiente punitiva de estos hombres, negando el grado de brutal disciplina que se les atribuye. Sin embargo, los testimonios de los autores de la época no dejan lugar a dudas, y sus crónicas dicen bien claro que no vacilaban en imponer su autoridad en todo momento con toda la contundencia que fuese preciso. Al cabo, hablamos de mantener el orden en una unidad nutrida por 6.000 hombres hartos de luchar, de pasar hambre, frío, calor, sueño, agotamiento, abstinencia sexual, miedo, de ver morir a sus compañeros, etc., y eso durante años y años. Un testimonio la poderosa carga simbólica del VITIS lo tenemos en la crónica en la que Tácito relató la vida de Galba. En la misma da cuenta de que, cuando llegó su hora acosado por las tropas amotinadas que querían darle muerte, un centurión llamado Sempronio Denso se interpuso entre el emperador y los legionarios blandiendo su VITIS para detenerlos mientras los conminaba a perdonar la vida del anciano césar. Pero en esta ocasión la autoridad del centurión no bastó y tuvo que echar mano a su espada y luchar contra ellos hasta que cayó herido en una pierna. Actos heroicos aparte, lo significativo de este hecho no es que Sempronio defendiera a su emperador, sino que estaba totalmente convencido de que la sola visión de su nudoso bastón bastaría para detener en seco a los rebeldes.

En fin, hasta aquí llegamos. Como colofón a esta entrada indicar que, al cabo, los bastones han sido y siguen siendo un símbolo de mando. Los vemos en forma de bengalas en manos de los maestres de campo y generales españoles a partir de los Austrias y los seguimos viendo en los bastones de mando de los mismos en nuestros días de la misma forma que los mariscales tedescos también tenían su bastón y los sargentos mayores de los british (Dios maldiga a Nelson) aún se pasean por los cuarteles con el símbolo de su rango metido bajo el brazo izquierdo.

Bueno, ya'tá

Hale, he dicho

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Tribunos militares

Centurión exhortando al personal en plena batalla sin separarse de su VITIS, que no dudará en usar ante la más mínima
muestra de flaqueza o cobardía. Los centuriones no solo tenían potestad para imponer castigos en sus acuartelamientos,
sino también en combate, donde era más necesario que nunca que la disciplina fuese monolítica

martes, 13 de febrero de 2018

Gladiadores. El DIMACHAERUS


Fotograma de la mini-serie "Spartacus", para la que debieron vaciar los gimnasios en 100 km. a la redonda en busca de
figurantes ahítos de esteroides y demás porquerías para ponerse cachas. La secuencia muestra un DIMACHAERVS
en plena sesión de entrenamiento en el LVDVS donde Espartaco y sus sufridos colegas son bonitamente puteados por
el LANISTA. No obstante conviene aclarar que, como es norma en el cine americano, estamos ante el enésimo anacronismo palmario ya que Espartaco palmó unos 150 años antes de que surgieran los DIMACHAERI


Hace varios trillones de nanosegundos que no hablamos del tema gladiatorio que comenzamos hace ya algún tiempo, dando cuenta de las diversas tipologías de estos sufridos combatientes así como ciertos detalles acerca de sus atribuladas existencias. Aunque se estudiaron la totalidad de los más conocidos y alguno que otro menos divulgado, como el ARBELAS o el ESSEDARIVS, aún quedan varias modalidades por comentar que, aunque no gozaron de tanta popularidad, no por ello dejan de ser sumamente interesantes ya que son una muestra del empeño por parte de los LANISTÆ y EDITORES de juegos por sorprender al público con nuevos tipos de luchadores con los que disfrutar como enanos, pelearse con los vecinos de la grada y jugarse los ahorros en las apuestas. Hoy hablaremos de los DIMACHAERI (pronúnciese DIMACAERI), unos gladiadores que estuvieron presentes en los juegos entre los siglos II y III d.C. y de los que apenas tenemos referencias escritas y representaciones artísticas, y más si los comparamos con los RETIARII, PROVOCATORES, SECVTORES, MYRMILLONES, etc. que tanta popularidad tenían entre los probos y sanguinarios ciudadanos romanos. 

Recreación de un DIMACHAERVS
armado con dos gladios
Los DIMACHAERI eran, como hemos podido ver en la foto de cabecera, unos gladiadores que luchaban con dos espadas. De hecho, su mismo nombre así lo indica ya que es un palabro latinizado del griego διμάχιρος (dimáchiros), es decir, el que lucha con dos macheiras, una espada corta con la hoja similar a la falcata. Las únicas referencias escritas sobre su existencia proceden, por un lado, de la Ονειροκριτικά (Oneirokritiká, "Interpretación de los sueños") de Artemidoro de Daldis, un probo cuentista de Éfeso que se dedicó a compilar miles de sueños que le contaba el personal con la finalidad de aprender a darles significado y poder así clasificarlos según el supuesto mensaje que contenían. En dicha obra, la mención a estos luchadores se limita a una sola frase: διμάχιρος δέ καί ό λεγόμενος άρβηλας (dimáchiros dé kaí ó legomenos árbelas) "...dimacheiros y el llamado arbelas". Un tanto escueto, pero no se explayó mucho el tal Artemidoro con el sueño gladiatorio que, según podemos colegir, hace alusión a un combate entre esos dos tipos de luchadores. En cualquier caso, lo cierto es que esa misma referencia es la única de que se dispone sobre el segundo tipo de gladiador mencionado, el ARBELAS, del que sin embargo hay más testimonios gráficos. La otra procede del CORPVS INSCRIPTIONVM LATINARVM, una exhaustiva compilación epigráfica en latín compuesta por 17 volúmenes e iniciada en 1847 por una comisión de eruditos encabezados por Theodor Mommsen, el famoso jurista e historiador tedesco que se empeñó en encontrar el mítico reino de Tartessos y que dio pie a la creencia universal de que dicho reino fue una realidad si bien jamás ha aparecido una sola prueba de su existencia. En este caso, la inscripción es aún más breve que la cita de Artemidoro ya que son apenas tres palabras: "DYMACHERO. SIVE. / ASSIDARIO"  (...ya sea dimachero / colocado...) y sanseacabó. 

Bien, eso es lo que tenemos respecto a la constancia escrita acerca de la existencia de los DIMACHAERI. En lo tocante a las representaciones artísticas tenemos también escasas referencias que, al menos, nos permiten saber cómo era su panoplia, así como las posibles variantes de la misma. El que ofrece menos dudas es el que vemos a la derecha, un bajorrelieve datado hacia el siglo III d.C. y procedente de la ciudad de Hierápolis, en la actual Turquía. El mismo nos muestra lo que incuestionablemente es un DIMACHAERVS (pronúnciese DIMACAERUS) que blande en la mano izquierda una sica, mientras que en la derecha no podemos saber si se trata del mismo tipo de espada si bien por la forma de la empuñadura parece que es así. La cabeza la tiene protegida por un yelmo cerrado, y las piernas por sendas OCRÆ (grebas) cortas, similares a las empleadas por los SECVTORES, colocadas sobre unas FASCIÆ, que son esa especie de polainas acolchadas que aumentaban la protección. El cuerpo lo cubre con lo que puede ser una túnica o, según algunos autores, una loriga, opción esta que se me antoja más razonable ya que, estando desprovisto de escudo, el DIMACHAERVS debía disponer de algún tipo de protección para no verse apiolado en dos minutos por mucha habilidad que tuviera con sus armas. 

Recreación de un DIMACHAERVS
empuñando dos sicas basada en el
bajorrelieve anterior
Es evidente que el tipo de lucha que practicaban estos gladiadores debía ser espectacular y muy vistosa ya que, mientras que con una espada atacaba, con la otra debería detener los golpes del adversario, algo similar a lo que sería la esgrima con armas dobles que tanto se difundió siglos más tarde, pero con movimientos tal vez más vivaces al usarse espadas cortas. Esto hace suponer que eran enfrentados con luchadores similares o con ARBELASES que, al igual que ellos, combatían con un arma en cada mano, y de esos se tiene la certeza de que se protegían con una loriga, bien de anillas, bien de escamas, por lo que, según hemos comentado, sería lógico pensar que los DIMACHAERI hacían lo mismo. Sin embargo, algunos autores afirman, a mi modo de ver sin un fundamento lo suficientemente sólido, que estos luchadores no eran en realidad un tipo de gladiador sino, por decirlo de alguna forma, una habilidad que, independientemente de la modalidad de cada cual, hacían gala en determinadas ocasiones. Es decir, que un DIMACHAERVS era un gladiador capaz de luchar con dos espadas ya fuese un THRAEX, un SECVTOR o lo que fuera, y que por lucirse dejaba de lado su escudo y echaba mano a una segunda arma. Pero, como bien dice Nossov, si la única referencia al ARBELAS, también dada por Artemidoro, resulta válida para aceptar la existencia de ese tipo de gladiador, no vemos por qué negar la del DIMACHAERVS independientemente de que las representaciones artísticas que se conservan sean escasas y, de hecho, dudosas salvo la primera que hemos mostrado.

La siguiente es una lápida procedente de Amisos, también en la actual Turquía, y datada hacia el siglo II d.C. En el bajorrelieve vemos como un supuesto DIMACHAERVS llamado Diodoro empuña dos puñales ante Demetrio, su enemigo derrotado, que espera clemencia. Antes de entrar en detalles conviene explicar la historia que narra el epitafio ya que es francamente curiosa por ser la única hallada hasta ahora que da cuenta de las circunstancias de la muerte del difunto. En el mismo dice que Diodoro fue víctima de un error del SVMMA RVDIS, o sea, el árbitro del combate. Según el profesor Carter, de la Universidad de Brock (Canadá), la inscripción cuenta que "después de vencer a mi oponente, Demetrio, no lo maté de inmediato. El destino y la astuta traición del árbitro me mataron." En la escena vemos como, en efecto, el tal Demetrio levanta el dedo pidiendo clemencia mientras que Diodoro, en vez de asestar el golpe definitivo, espera la decisión del respetable. Sin embargo, y según interpreta el profesor Carter, parece ser que el árbitro permitió a Demetrio levantarse y, tras continuar la lucha, logró acabar con la vida de su oponente. Pero, historias de árbitros desalmados (lo de los árbitros vendidos viene de hace siglos según hemos visto), la cosa es que la panoplia de ambos gladiadores se asemeja bastante, por no decir que es exactamente la misma, a la de los PROVOCATORES ya que, al igual que estos, usan una sola greba en la pierna izquierda, tienen el brazo derecho protegido por una MANICA, y llevan el pecho protegido por un CARDIOPHYLAX, que es esa especie de gola que cubre la parte superior del torso. Así pues, el hecho de que el desdichado Diodoro lleve en la mano dos armas más bien parece deberse a que una es la suya y la otra del alevoso Demetrio, que se hizo el vencido para luego darle estopa al iluso de su oponente.

Y por último, a la derecha tenemos el tercer testimonio existente del que, al menos en lo que a mí respecta, también plantearía serias dudas acerca de su correspondencia con los DIMACHAERI. Se trata de uno de los doce bajorrelieves de Fiano Romano (c. finales del siglo I d.C., por lo que la datación corresponde además a una época anterior a la creación de estos gladiadores), que muestran una serie de escenas de combate con gran riqueza de detalles finamente talladas en mármol de Carrara. La que vemos presenta a un gladiador en el momento de degollar a su adversario vencido. Mientras que, curiosamente, con la mano zurda da muerte al enemigo, en la otra sujeta una SPATHA. Esto puede interpretarse de dos formas: una, que se trata en efecto de dos DIMACHAERI, y otra, a mi entender mucho más probable, es que estamos en un caso similar al de Diodoro y Demetrio si bien en este caso el vencedor no lo dudó y remató la faena. Esto se vería corroborado por los dos escudos que hemos señalado con sendas flechas y que pertenecen indudablemente a esa escena. Por lo tanto, estamos ante dos gladiadores que luchan con espada y escudo, y no con dos espadas. 

Otro anacrónico DIMACHAERVS de la mini-serie
antes mencionada con una extensa colección de
chirlos y costurones y tatuaje tribal en un brazo.
La verdad es que tiene un aspecto un tanto
inquietante, las cosas como son
En fin, ya vemos que no hay mucho donde poder basarse, pero sí es cierto que bastarían las referencias escritas de Artemidoro y el bajorrelieve de Hierápolis para admitir que estos gladiadores formaron parte de la FAMILIA GLADIATORIA en determinadas zonas del imperio. Como comentamos al inicio de la entrada, los DIMACHAERI fueron una creación tardía para darle morbillo a los combates que, quizás debido al paso del tiempo, despertarían tal vez menos interés en la época que nos ocupa. O puede que la razón fuese proporcionar nuevos adversarios a los gladiadores de toda la vida con el mismo fin: mantener al público entretenido. Ya sabemos que los EDITORES de los juegos siempre buscaban darle a los suyos un toque especial, algo por lo que dieran que hablar durante una larga temporada, y que se gastaban un pastizal en traer los animales más exóticos y, en este caso, a los combatientes más espectaculares. Sea como fuere, lo poco que sabemos sobre ellos ya es un indicio de que debieron tener cierta difusión en el orbe romano.

Bueno, ya seguiremos porque quedan algunos tipos por estudiar. 

Hale, he dicho

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